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Tema: ReEdicion Diarios Impublicables Bernardino Rosendo

  1. #1
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    ReEdicion Diarios Impublicables Bernardino Rosendo

    OCURRIO EN NEPAL, JUNIO DE 1.987. En la Expedicion Cadiz-Tokio.




    CAPITULO I. "EL PODER DE BUDA".


    Katmandú, la mística y romántica capital de Nepal, fue mi hogar improvisado durante algo mas de dos meses. Y digo improvisado porque así fue. Tenía previsto estar en este país tan solo unos diez días durante el recorrido que realizaba sobre mi moto de 125 c.c. desde Cádiz a Tokio, pero los chinos no me autorizaban entrar en su país sobre mi pequeño vehículo. Con la esperanza de conseguir un permiso especial, decidí esperar a las puertas de la frontera china, en su vecino país, Nepal.

    Casi medio centenar de gestiones hechas por fax, telex, telegramas y otros ingenios de la moderna comunicación, no fueron suficientes para obtener el susodicho permiso, ni tan siquiera contando con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores y del mismísimo embajador español en Pekín.

    Mientras tanto, entre gestiones y gestiones, la vida continuaba en el valle de Katmandú. Siempre a la espera de recibir contestación, aprovechaba los días para conocer este maravilloso país, cuna del "Yeti", el abominable hombre de las nieves.

    Estaba instalado en el Hotel Mustang, en la zona opuesta al turismo y muy cerca de la Freek Road, la calle que se hizo famosa cuando Nepal era el paraíso de las drogas y los hippies venidos de todo el mundo aquí la compraban y la consumían, hasta que el país se llenó de "yonquis" y el Gobierno tuvo que cambiar las leyes, castigando severamente la tenencia, venta o consumo de todo tipo de drogas. Ahora, si uno es sorprendido fumando hojas de cannaby, que aquí crece libremente como una plaga por todos lados, puede acabar varios años en la cárcel. Este fue el motivo principal por el que los hippies fueron abandonando el país y, aunque hoy en día aún se pueden ver algunos deambulando por la famosa calle y se siguen vendiendo drogas, solo son secuelas de lo que la calle Freek vivió durante los años setenta.

    El viejo Katmandú está repleto de vida y movimiento, sus calles son sinfonías de sonidos, colores y olores exóticos. Los templos hindúes y budistas están por todas partes, hay tantos que hay un dicho popular que dice “En Katmandú no hay muchos templos, Katmandú es todo un templo”. En este país se respira tranquilidad y mucha tolerancia. Todas las religiones, principalmente el budismo e hinduismo, conviven en paz, lejos del violento fanatismo de algunas zonas en la India. Pasear al atardecer entre la muchedumbre es todo un espectáculo. Es el momento en que los vecinos se suelen reunir en sus templos para cantar cogidos de las manos, acompañados de timbales indios y organillos de viento mientras, las mujeres, ofrecen dulces a cuantos se acercan. Las voces y notas musicales salen de los templos y se mezclan en las calles. Entre las callejuelas y templos de la ciudad, se respira un aire de tranquilidad y melancolía adornado con la magia que los nepalies y sus eternas sonrisas saben dar.

    Una tarde, conocí a un malagueño seguidor de la filosofía budista. Había vivido un tiempo en la Alpujarra granadina en un centro budista de donde salió el conocido "Osel", el niño lama andaluz. Al ver una moto en pleno Katmandú con matrícula de Cádiz, no pudo caer de su asombro y se acercó a cerciorarse de que, efectivamente, aquella moto venía del mismo rincón del mundo que él.

    Estuvimos toda la tarde tomando té y terminamos con las manos pringadas tras cenar en un restaurante callejero basándose en arroz con "Dhal Bhal" (Lentejas con Cilantro) al más puro estilo nepalí, es decir, sin cubiertos.

    Así fue como conocí la existencia del Monasterio de Kopán, lugar donde él se alojaba y en donde también se encontraba el niño lama. Dos días después, decidí hacerle una visita atraído por el modo de vida de los monjes lamas.

    El Monasterio de Kopán, se encuentra a unos diez Km de Katmandú, instalado sobre la cima de un gran cerro al cual se accede mediante carriles enfangados y luego, subiendo en espiral hacia el Monasterio desde donde se disfruta de fabulosas vistas de todo el Valle de Katmandú y, en los días claros, el horizonte se adorna de las inmensas moles blancas de la cordillera Himalaya.

    Para acceder al Monasterio solo se puede hacer a pie o en todo terreno. El camino está repleto de socavones, grietas y pendientes de esas que los motoristas clasificamos de "échate palante que acabas de espalda en el suelo". Luego había que subir con cuidado desde el pie del cerro hasta su punto mas alto, con mucha precaución para no despeñarse por un precipicio por culpa del fango o las piedras del camino. Desde luego, ir al Monasterio de Kopán no se parecía en lo más mínimo a una peregrinación a Fátima o Lourdes.

    Nada mas llegar, pregunté por Tato, el malagueño que, al verme aparecer con los ojos blancos y cara de pocos amigos tras el viajecito, no tardó en acercarse para darme ánimos y enseñarme todas las instalaciones. El monasterio está repleto de jóvenes monjes, sonrientes y juguetones, algunos apenas tienen diez años. Conocí a Osel, sus hermanos y su madre. También conocí al simpático Lama Lundru, máxima autoridad del Monasterio y a otra decena de Lamas, todos rapados y muy alegres, siempre riendo y bromeando entre ellos. Me hacían sentir muy cómodo y relajado, todo lo contrario a lo que creí que me podría ocurrir entre los muros de un monasterio, donde todo debía ser seriedad y rectitud. Que equivocado estaba, pensé cuando un lama bromeando me pegó un cate en el cuello y se echó a reír a carcajadas. Aquél lama, medía casi dos metros de altura y de perímetro podría medir algo mas de metro y medio. No podría imaginar que con aquél lama me quedaba por pasar una peligrosa aventura en los días venideros.

    Tuve tan buena impresión que, al enterarme que podría convivir con ellos unos días pagando una módica cifra por la comida y una habitación, decidí volver y quedarme una semana. Tenía mucho interés en conocer a aquellos alegres personajes calvos que tan buenas vibraciones me dieron. Tras hablar con el Lama Lundru, éste me autorizó la estancia y unos días después, volvía a pelearme por la trocha que subía en espiral hacia el Monasterio de Kopán. Esta vez con el saco de dormir y la cámara de fotos a cuesta.

    Corría el mes de Junio, y como es habitual por estas latitudes, llegaron las lluvias con los Monzones, por lo que a partir de ahora, sobre todo tras el mediodía, la lluvia no pararía hasta bien entrada la noche. Mientras tanto, la vida en el Monasterio de Kopán discurría con normalidad.

    Las instalaciones del Monasterio podrían ser como las de cualquier internado, con aulas, aposentos, comedor, cocina, biblioteca, bar (sin bebidas alcohólicas como es natural), etc. También hay dos templos donde se recitan mantras y se celebran otras ceremonias y rituales característicos del budismo. En el Monasterio también viven monjas instaladas en una zona con su propio templo donde realizan sus actividades apartadas de los monjes. Entre los lamas, monjes y algunos nepaleses que trabajan en el mantenimiento, forman un grupo de cien personas que viven de forma continua en el Monasterio. De vez en cuando, para romper un poco la monotonía diaria del templo, aparecían algunos visitantes que, al igual que yo, tras ser autorizados, permanecían un tiempo definido conviviendo con los budistas. Los grupos de visitantes suelen ser numerosos cuando los monjes organizan cursillos de meditación, filosofía o de cualquiera de las técnicas que honran al budismo.

    La vida en Kopán empieza a las cinco y media de la madrugada, cuando un monje hace sonar una campana como símbolo del inicio de las actividades. Los monjes, siempre sonriente comienzan a salir de sus aposentos. Es el momento del aseo personal. A las seis, otro monje hace sonar un enorme tambor con un gigantesco tronco de madera que cuelga del techo del templo principal sostenido por varias cuerdas. Es el anuncio de la ceremonia de "la puya". Durante una hora, todos los monjes recitan cantando las escrituras de la filosofía budista. Los cantos son impresionantes. En el fondo de los monótonos cantos, se pueden apercibir unos efectos sonoros que dan la sensación como si las voces de los monjes fuesen acompañadas por enormes órganos de viento y trombones. Los tonos de los mantras se esparcen por el Valle de Katmandú, dando un toque mágico al inicio de la jornada mientras la tímida luz del sol se abre camino entre las impresionantes cumbres del techo del mundo.

    Tras la puya, se sirve el desayuno y comienzan las actividades educativas con clases de Tibetano, Inglés, y filosofía budista, entre otras asignaturas que no distan mucho de cualquier universidad occidental (Matemáticas, geografía, etc.). Para cualquier familia nepalí, tener un hijo monje supone todo un honor. Cuando los monjes salen de aquí, son considerados como personas sabias y muy cultas.

    Durante mi corta estancia y a medida que pasaban los días, pude ir haciendo amistades con lamas y monjes, con quienes pude mantener buenas e interesantes conversaciones siempre acompañadas de buen humor, porque todos siempre están muy alegres y nunca pierden la sonrisa.

    Una mañana, decidí bajar a Katmandú para ver si había recibido alguna contestación del Gobierno chino aprobando mi solicitud para poder entrar y cruzar su país en moto. Tan pronto como puse la rueda de la moto fuera del Monasterio, pude comprobar que las primeras aguas caídas de los monzones había hecho duplicar la peligrosidad de la trocha de acceso al Monasterio, que ahora para colmo, se veía adornada de charcos y denso fango. La ruedas pronto quedaron perfectamente escondidas bajo el barro tomando el aspecto de gigantescos donuts de chocolate. Las derrapadas y los sustos fueron compañeros de viaje hasta llegar a la carretera asfaltada de acceso a la capital nepalí.

    Tan pronto como comprobé no haber recibido nada, regresé a Kopán y justo al dejar el asfalto de nuevo, comenzó una nueva aventura... esta vez acompañado...

    Junto al embarrado camino, encontré al lama que varios días antes se presentó pegándome un cate en el cuello. Medía casi dos metros de altura y casi seguro que pesaba mas de 130 kilos. Se dirigía andando al Monasterio y al verme me saludó sonriente. Mi corazón pudo mas que la cabeza y le invité a llevarlo en la moto para evitarle el recorrido de mas de cinco km que le quedaba, a lo que sorprendentemente no se negó y sin pensárselo dos veces saltó sobre la moto como si me fuese a escapar y se sentó detrás abrazándome por la cintu¬ra tras recoger su túnica sobre sí. Como era tan grande, su trasero ocupaba una parte del asiento y casi todo el portaequipaje. La moto quedó totalmente hundida por detrás. Y en cuanto metí primera... comencé a rodar y a sudar. Mantener la moto sobre sus dos ruedas y por el lugar que deseaba se convirtió en un verdadero desafío. El sufrimiento al intentar dirigir tanto peso por el sitio correcto y el temor a terminar por el barro se apoderaron de mí mientras sacaba los pies por todos lados intentando mantener la verticalidad. De vez en cuando, podía ver la cara del lama por el espejo y me pareció increíble que en aquellos momentos dramáticos pudiese continuar sonriendo y plenamente relajado mien¬tras yo sufría y luchaba contra los obstáculos de aquel camino de cabras.

    Al llegar al pie de la colina donde se hallaba el Monasterio la situación empeoró. Ahora el peligro estaba en la pendiente. La rueda delantera al pisar cualquier saliente o piedra de la ruta, perdía contacto con el suelo y empezaba a flotar en el aire haciéndome pensar que sería adelantada por la rueda trasera. Con la barbilla pegada al manillar, intenté echar todo el peso de mi cuerpo sobre el tren delantero, aunque con el pasajero que llevaba sentado en el portaequipaje aquello no parecía funcionar. El lama seguía derecho, sonriente y abrazado a mi cintura como si nada pasara mientras yo mantenía una batalla campal de posturas y maniobras por mantener la rueda delantera sobre el suelo. En un bache del camino, pensé que nos caeríamos de espalda cuando la moto se puso a hacer un caballito en cámara lenta y durante mas de una decena de metros. No había forma de hacer bajar la rueda. Afortunadamente, cuando ya me veía de espaldas en el suelo con el lama de colchón, una piedra del camino al chocar con la rueda trasera hizo bajar la delantera violentamente... ¡Vaya pedazo de caballito y... de la que nos libramos!!! Y el lama seguía relajado con su eterna sonrisa, como si aquella situación no tuviese nada que ver con él... Conforme íbamos subiendo, los precipicios ganaban en altura y yo... en acojono. Haciendo juegos malabares y en zig zags pudimos ir avanzando y subiendo por aquella trocha infernal.

    Milagrosa¬mente llegamos a las puertas del monasterio sin accidente alguno. La moto tenía todo el motor y las ruedas ocultas bajo el fango al igual que mis botas y piernas. El lama se bajó de la moto tranquilo, con la túnica naranja inmaculada y su capa granate adornada solamente con una pequeña tira de fango sobre su espalda proyectada desde la sufrida rueda trasera de la moto. Yo en cambio estaba hecho polvo, con piernas y brazos doloridos de aguantar tanto peso y de agarrar fuertemente el manillar. A pesar de intentar disimular lo indisimulable, no debía tener muy buena cara cuando el lama se acercó para darme las gracias e intentar animarme diciendo... "<<Tranquilo, tranquilo. Yo sabía que llegaríamos salvo. Buda estaba con nosotros... >>".

  2. #2
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    Gracias por este regalo navideño Dignatario, espero que algún día me perdones por no haber tenido una GS1100.

  3. #3
    Vivo en el Foro Avatar de Julio de Torremolinos
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    Genial Marc. Gracias! Bernardino es tu tio de verdad??

  4. #4
    Forodependiente Avatar de JOU
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    Cita Iniciado por Julio de Torremolinos Ver Mensaje
    Genial Marc. Gracias! Bernardino es tu tio de verdad??
    Efectiviwonder Marc Rosendo, nuestro más alto Dignatario es el ilustre sobrino

  5. #5
    Forodependiente Avatar de AlbertGS
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    Que de lectura palomitera nos espera con estos posts, Mil Gracias Dignitas por el regalo pa lo zentios.

  6. #6
    Forodependiente Avatar de frenchie
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    Gracias,muchas gracias...una lectura de lo más recomendable.Qué auténtico!
    AQUILA NON CAPTAT MVSCAS




  7. #7
    Curioseando Avatar de grasacadena
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    Este apasionante y fresco relato me ha dejado perplejo, alucinado, emocionado y flipado .

    Gracias.

  8. #8
    Forodependiente Avatar de alberto
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    1.2 lafelicidad
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    Escuchar y sentir esos cantos al amanecer tiene que ser un momento de tu vida que no puedes olvidar jamás.

    Tremendo relato,gracias Marc.
    Última edición por alberto; 31-12-2007 a las 21:02

  9. #9
    Forodependiente Avatar de JOU
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    Cita Iniciado por alberto Ver Mensaje
    Escuchar y sentir esos cantos al amanecer tiene que ser un momento de tu vida que no puedes olvidar jamás.

    Tremendo relato,gracias Marc.


    Lo siento no quería copiarlo otra vez,ahora no se sacarlo..sorry
    Edita,seleciona y borra................y yasta

  10. #10
    Me voy acoplando Avatar de alvisa99
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    02 Sep 2006
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    al norte norte
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    ya los habia leido hace tiempo pero no me canso de hacerlo, ademas de divertidos los relatos me hacen babear de envidia por los viajes que se curraba el amigo

    gracias por ponerlos de nuevo

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